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Empresas conscientes y marcas de servicios públicos

Debate

Maurice Echeverría habla sobre las empresas conscientes y las marcas de servicios públicos.

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Maurice Echeverría - Escritor

Maurice Echeverría - Escritor

Maurice Echeverría (Guatemala, 1976) emergió a finales de los noventa junto a un grupo de jóvenes que deseaban galvanizar el ambiente literario de su país. Desde entonces, ha engendrado una prolífica y cromática obra en el ámbito literario, que abarca la poesía y la ficción, publicándola en impreso o bien difundiéndola con ímpetu por medio del formato blog. Algunos de sus libros son Sala de espera (Magna Terra, Guatemala, 2001), Labios (Magna Terra, Guatemala, 2003), Diccionario Esotérico (Norma, Guatemala, 2006), Por lo menos (Punto de Lectura, Guatemala, 2013), y Un rencor puro y perfecto (Alas de Barrilete, Guatemala, 2015). Varios de sus relatos han sido ya traducidos al francés, al alemán y al portugués, y figuran en antologías de calado. Es de añadir asimismo que ha ganado una decena de concursos literarios, y hoy es reconocido como uno de los escritores guatemaltecos más estimulantes de su generación. Por aparte cuenta con una enjundiosa obra crítica y periodística, y promueve una actividad constante en las redes sociales y la esfera bloguera. No menos importante ha sido su trabajo para eminentes empresas del medio, para las cuales ha creado innumerables plataformas de marca y proyectos de redacción corporativa, incursionando incluso en el ámbito del diseño organizacional.

¡Capitalistas conscientes, uníos!

Uno de los movimientos recientes que han despertado no poco interés y membresía en el mundo de los negocios es el de las “empresas conscientes.”

Uno googlea el término “conscious business” (“negocio consciente” o “empresa consciente”) y de inmediato surge una fornido registro de páginas sobre el tema (por ejemplo: http://www.consciouscapitalism.org o http://flowidealism.com). Se trata de una tendencia que busca deslindarse del capitalismo empresarial implosivo, manipulador, rapaz,  reaccionario, para formular un nuevo paradigma en el universo de los negocios. Hemos visto la emergencia de institutos, entrenamientos, seminarios, cumbres, podcasts, toda clase de expresiones dinámicas vinculadas a este movimiento. Y de empresas, claro. La cultura empresarial más visible incluso empieza a adoptar rasgos conscientes. Empresas situadas como Costco, Southwest Airlines, el retailer Whole Foods, o el gigante Google, muestran algunos de estos rasgos.   

Buenas nuevas

¿Es que hay otra forma de hacer negocios que aquel que ya conocemos, con su sucursal de pulsiones bajas, tumbos depredadores y narcisistas, inconmensurable agresión planetaria, su falta de principios, hambre ciega de prestigio, poder, y dinerario, su desoladora entropía? ¿Es posible co–crear una cultura empresarial inspirada, sabia, al servicio de los seres, los humanos y el planeta, que eleve la interdependencia sana y la responsabilidad universal?

Hay ciertas personas que afirman que sí. Son personas como Jeff Klein (CEO de Working for Good, autor del libro del mismo nombre, que vendría a ser algo así como Trabajando para bien) y que pregona que uno puede hacer una diferencia ganándose la vida. Personas como John Mackey, co–CEO de Whole Foods Market –un tipo de veras interesante que en 2006 se redujo el salario a un dólar al año– y uno de los grandes representantes y pioneros del capitalismo consciente (junto a Raj Sisodia escribió el libro El capitalismo consciente: liberar el espíritu heroico de las empresas). Personas como el talentoso Fred Kofman, autor de La empresa consciente: cómo construir valor a través de valores. Kofman, incidentalmente, es el director del Conscious Business Center en la Universidad Francisco Marroquín, lo cual no deja de ser estimulante (ver: http://consciousbusinesscenter.ufm.edu). Personas como Patricia Aburdene, autora de Seven New Trends That Will Transform How You Work, Live, and Invest (Siete Nueves Tendencias Que Van a Transformar Cómo Trabaja, Vive, e Invierte).

No hay contradicción

Las empresas conscientes al parecer se están haciendo preguntas muy importantes y profundas sobre la naturaleza de las transacciones y los negocios. Su intención es construir propósito más allá del rédito técnico o la ganancia calibrada de los accionistas. John Mackey, co–fundador y co–CEO de Whole Foods
Market, y uno de los principales voceros del movimiento empresarial consciente, lo explica de esta manera: necesitamos comer para vivir, pero el propósito de vivir no es comer.

En este nuevo paradigma, uno se aleja de esa concepción del negocio como una máquina fría que ensambla fuerzas enajenadas de producción. En este nuevo paradigma, la colaboración es puesta por encima de la competitividad.

Mackey por ejemplo percibe la empresa como un ecosistema. Un sistema comunitario y conectivo en donde ya no se busca un dividendo concentrado para unas minorías introvertidas del mismo, sino que procura, de un modo muy articulado y abierto, beneficiar a todos los stakeholders (o audiencias interesadas) como los clientes, los proveedores, el medio ambiente, las comunidades inmersas en el universo empresarial, y la sociedad en general. En esta paradigma, la cooperación y la inclusión de todos estos agentes generan mejor valor, aún si es en un plazo menos mánico. No es que los accionistas y socios no reciban interés en esta fresca estrategia. Mackey de hecho es muy enfático a la hora de defender esos intereses. Lo que está diciendo es que no hay contradicción entre el valor de las participaciones de los accionistas y la organización empresarial consciente.

Los portavoces de este modelo no rechazan –de ninguna manera– el beneficio ni el bienestar material. Pero a la vez sostienen que las empresas no están allí para ser meramente exitosas, sino son verdaderas proscenios para realizar el bien, cumplir con una esquema superior de cultura corporativa, fundamentado en la atención plena y la generación activa de elecciones conscientes. En este dinámica, no hay contradicción alguna entre prosperidad y coherencia. Es un paradigma que sabe que el capitalismo inconsciente en buena parte no sirve, pero tampoco desea por ello salirse del modelo capitalista.

Hoy en día hay una creciente demanda de sistemas corporativos que no traigan tragedia, vergüenza y escándalo (por ejemplo ecológico) a la civilización y a los seres del planeta. Son muchas las personas que ya no quieren invertir en esta clase de empresas, y ya no quieren trabajar tampoco en ellas. Lo que quieren más bien es invertir y trabajar en empresas que impulsen el significado, el servicio, los códigos comunitarios, la consciencia ambiental, y la realización y mística evolucionaria. Al estudiar estas compañías, uno se da cuenta que su rendimiento es de hecho excepcional; sus empleados están felices y están altamente motivados; son bien vistas por las comunidades en donde residen. ¿No es eso éxito, realmente?  Los resultados y porcentajes de crecimiento de estas empresas son inspiradores.

Citemos otra vez a John Mackey:

“Yo fundamentalmente creo, con todo mi corazón, que el capitalismo consciente se convertirá en un paradigma dominante en el siglo XXI; y eso será porque sencillamente funciona mejor; es una forma superior de hacer negocios. Le va a ganar a sus competidores.”

Empresariado consciente no es responsabilidad corporativa

Muchas empresas puede que tengan una consideración más o menos idealista en su plataforma corporativa, pero aquí estamos hablando de algo mucho más significativo, menos ornamental o solamente predicativo: un modelo superior de negocios basado en intuiciones y prácticas provenientes de regiones más elevadas y refinadas de entendimiento empresarial. La consciencia es lo que separa el capitalismo consciente del viejo modelo de responsabilidad social, que sigue sirviendo al viejo paradigma de capitalismo pre–consciente o llanamente inconsciente. Todos sabemos que la responsabilidad social, tal y como se vive actualmente, parte muchas de veces de un espíritu crudo o sutil de manipulación, y sirve intereses prevalentemente propios, y son nomás sepulcros blanqueados (un ejemplo particular de ello es el greenwashing, esa práctica por medio de la cual las compañías quieren darse un tono ambientalista, cuando en verdad no hay una verdadera ética ecologista en ellas).

Rasgos de una empresa consciente

Una empresa consciente podría revelar los siguientes rasgos o dimensiones (el listado no es exhaustivo):  

–La generación de sistemas organizacionales que sean directa o indirectamente ambientalistas y verdes, y en alguna medida den importancia a la preservación de nuestros paisajes materiales, en pos de una civilización planetaria sostenible. La inclusión en el proyecto empresarial de un respeto a los legados vegetales, animales y terráqueos en su conjunto.

–El empresariado consciente se alinea con patrones de inversión responsables, e invita a que otros lo hagan también. Asimismo, es activista del consumo ético.

–Muestra aprecio por el respeto radical en los lugares de trabajo, lo cual supone jerarquías no agresivas o impersonales, y el cultivo experimentado y profundo de relaciones sanas y abiertas dentro de la empresa.

–De extrema importancia es crear un plan ambiental de trabajo que traiga bienestar a sus trabajadores y exalte su talento. Por demás, las empresas conscientes buscan dar con zonas laborales estimulantes, relajadas, bellas y espaciosas, en donde el empleado fusiona la satisfacción física, emocional y espiritual con el rendimiento laboral. Ambientes de trabajo que sean significativos, imaginativos y armoniosos, que apoyen a los trabajadores individuales y a la vez la mutualidad del sistema todo.

–Se empuja y recompensa la autoría responsable, la iniciativa, la autonomía inteligente en los empleados, a la par del trabajo sinérgico y en equipo. Se empodera a los individuos para que no caigan en patrones de victimización, dependencia laboral, y micromanagement o gestión controladora. Se estimula el liderazgo activo e iluminado. Se distribuye y desciende el liderazgo a los cuadros medios de la empresa y los empleados de a pie, convirtiéndoles a ellos también en entrepreuneurs en el sentido más directo de la palabra –emprendedores dinámicos– y en activistas sociales y políticos en el ambiente empresarial.

–Se da un efecto de redistribución y ecualización de los salarios y segmentos de poder y prestigio en las compañías.

–Hay una preocupación automática por el derecho, la dignidad humana y el tejido social. La creación de espacios de integración para las complejidades humanas, en un ambiente igualitario y respetuoso de las diferencias (no es una mera etiqueta o corrección política). Creciente sofisticación de las pulsiones comunitarias, cooperativa y societales a partir de la empresa.

–Se estimula la comunicación abierta, verdadera y respetuosa, la sana mutualidad y resolución de conflictos, la humildad sana y el sano orgullo. Se mantiene la palabra y se apoya la libre expresión, y la expresión bella. Se da voz a las personas.

–Se fomenta la belleza natural y creada.

–Hay una mentalidad y una motivación que rebasan o trascienden lo meramente dinerario o transaccional, y se decantan hacia el conocimiento, la creatividad y el servicio.

–Se revaloriza lo subjetivo y lo intersubjetivo en las dinámicas de la empresa y sus relaciones. Métricas objetivas y puras externalidades no son ya exclusivos puntos de referencia. Hay patrimonios intangibles espíritu–corporativos.

–Se celebran –aún más que en las empresas habituales– los códigos y valores vivos, no impersonales o meramente decorativos. Estas fuerzas axiológicas tienen de hecho más importancia que el éxito material. Hoy hay iniciativas para mapear valores en las empresas (ver el trabajo de Richard Barret). En particular, hay un gran respeto por la integridad y el accountability, o rendición de cuentas. Por demás, para las empresas conscientes, es importante que los valores naturales de los empleados estén en acorde con los valores naturales de la compañía. Las empresas conscientes tienden a absorber responsabilidades y compromisos sociales (tantos de ellos tradicionalmente adjudicados al Gobierno).

–Se busca generar un clima de trabajo inspirador y profundamente gratificante, que lleve a las empresas y sus empleados a niveles de realización y bienestar más complejos, y en donde puedan actualizar su potencial al máximo. Estamos hablando de trabajo que da y no quita vida. La empresa se ocupa íntimamente de sus trabajadores, y les ofrece programas significativos de protección y cuidado, en salud y otros intereses. Se preocupa de un modo no invasivo por la armonía de sus vidas personales, estimula aquellos proyectos íntimos que les traerán plenitud, salud y funcionalidad, y los apoya para que tengan patrones de vida más sanos y significativos en general.

–Cultivo de  valiosas inteligencias adaptativas, tales como la emocional, la social o la intuitiva. El reconocimiento y aprecio del poder intuitivo como un gran auxilio para hallar rutas de eficacia dentro del espectro de complejidades de la compañía.  

–Precisión, fluidez y ética informacional. Pasar de la era de la fría información a una era de sabiduría administrativa. Manejar bases de datos y métricas responsables.

Hacia un capitalismo consciente

John Mackey nos explica que el capitalismo consciente no es otra cosa que un ecosistema interdependiente de empresas conscientes interactuando entre ellas. Añade que cuando hayamos creado suficientes empresas conscientes veremos cómo el paradigma capitalista de los siglos XIX y XX se desplazará a un capitalismo de siglo XXI, basado en empresas conscientes.

¿Podrá este nuevo movimiento emergente de empresariado consciente imponerse sobre el antiguo régimen capitalista?

Hay buenas razones para pensar que sí… siempre y cuando no matemos el planeta antes, y a nosotros con él, claro está. Por tanto es importante que los empresarios conscientes se multipliquen y conformen una comunidad global alineada. Por fortuna, el movimiento está creciendo muy rápidamente;  con lo cual la esperanza subsiste.

Una pregunta desde luego surge: ¿se atreverán los empresarios guatemaltecos a adoptar este nuevo paradigma?

Texto también disponible en Así he oído.

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