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Jonathan Altalef abogado de Gustavo Alejos Cámbara

Jonathan Altalef: “No defiendo a personas que investigué en Cicig”

Por Alicia Álvarez, publicado en Contrapoder

Jonathan Altalef, abogado de Gustavo Alejos, dice que su trabajo le gusta tanto que no cobraría. “Pero hay que comer,” añade. Su nombre ha saltado a los medios de comunicación a partir de sus clientes. En 2015 varias de las personas más poderosas, política o económicamente, llamaron a la puerta de su bufete: son algunos de quienes resultaron acusados en la cruzada contra la corrupción que emprendieron la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig) y el Ministerio Público (MP).

Altalef, de 38 años, no es un defensor improvisado. Su experiencia más reciente, de hecho, se forma en el lado contrario de donde se sienta ahora: trabajó en el MP y la Cicig. En esta última, estuvo bajo el mando de dos comisionados: Francisco Dall’Anese (2010-2013) e Iván Velásquez (2013-actualidad).

Altalef proviene de una familia de migrantes judíos. Sus abuelos sufrieron la persecución nazi –eran huérfanos de campos de concentración– y llegaron a Guatemala el siglo pasado. Él es el único abogado en una familia de comerciantes. Se graduó de la Universidad Mariano Gálvez en 2008 y luego estudió una maestría en Derecho Procesal Penal en la misma casa de estudios.

Jonathan Altalef abogado defensor de Gustavo Alejos Cámbara
El joven abogado, Jonathan Altalef, (izquierda) antes de ser defensor, laboró en el bando contrario: en la Fiscalía y en la Cicig. A sus 41 años acumula una experiencia en investigación de casos de lavado de dinero, narotráfico y crimen organizado. Tres de sus clientes fueron los más poderosos políticos o empresarios en la historia más reciente del país.

 

Entre los clientes que, en medio de la lucha contra la corrupción, llamaron a Altalef se cuenta el empresario César Medina Farfán del caso “Redes y Política”; la exvicepresidenta Roxana Baldetti, a quien asiste en el caso que se sigue para la extinción de dominio de varios de sus bienes; y, ahora, el de Gustavo Alejos, empresario y financista político ligado a proceso hoy por cohecho activo, asociación ilítica y tráfico de influencias por el caso “Negociadores de la Salud”.

Altalef se sentó con ContraPoder para hablar de cómo llegó a defender a los acusados de su antiguo empleador.

Hablemos un poco de sus inicios, en su perfil profesional en LinkedIn publica que trabajó en el Ministerio Público (MP).

Empecé a trabajar en el 2004 como Oficial Primero, uno de los rangos más bajos, en la Fiscalía contra el Lavado de Dinero. También trabajé como traductor jurado (inglés-español) en casos donde había ciudadanos norteamericanos afectados.

En una aclaración que hizo en elPeriódico aparece que trabajó con la DEA (Drug Enforcement Administration).

Sí, durante un operativo en Quetzaltenango, la gente de la DEA se me acercó. Me convertí en un enlace entre DEA y el MP durante mi tiempo ahí.

¿En qué año dejó el MP?

En 2008 y me fui a trabajar con la firma de abogados Carrillo y Asociados.

¿Y después?

Fundé mi primera oficina. Era un cuchitril, pero era mi espacio. Luego alquilamos una casa con grupo de abogados en zona 13. Entre ellos Andrés López, mi socio (quien lo acompañó en las audiencias de Alejos).

¿En qué momento trabajó con la CICIG?

Me llamaron en 2011. Yo había aplicado para trabajar con ellos un año antes, pero se tardó el proceso de selección.

¿Cuál fue su trabajo allí?

No trabajé casos grandes ni relacionados con las personas que defiendo. Mis casos fueron pequeños. Por ejemplo, el caso Gasofa, que trabajé junto al Fiscal Francisco Sandoval de la Fiscalía Especial Contra la Impunidad (FECI); y el de Vidal Requena (exdirector del Sistema Penitenciario, sentenciado por un incidente armado ocurrido en Amatitlán el 24 de abril de 2009). También investigué casos que no han hecho andar, en su mayoría que involucraban gente del Ministerio de Gobernación. Durante un tiempo, fui el notario de la comisión. El comisionado Iván Velásquez vio mi currículum y me mandó a llamar. Me encargué de trámites como los permisos de armas de los guardaespaldas, las tarjetas de circulación de los vehículos, etcétera.

También participó en el comité disciplinario de la comisión.

Sí, fui juez vocal III.

Durante su tiempo en CICIG, aparece una multa de Q1 mil impuesta por la Corte de Constitucionalidad. ¿Por qué lo multaron?

Esa multa fue el motivo principal por el cual  renuncié a Cicig. César Rincón (otro abogado de Cicig) me obligó a firmar un amparo que él elaboró bajos sus condiciones. Ese amparo nunca se me va a olvidar porque era en contra de un juez o una jueza. Era sobre el caso de Ariel Sánchez. De acuerdo a Rincón, él era el testaferro de la familia Mendoza. Rincón planteó mal el amparo porque la Cicig solamente puede aparecer como querellante en procesos relacionados con el crimen organizado, pero en este no era el caso.

¿Cuánto tiempo estuvo en la CICIG?

Si mal no recuerdo, hasta finales de 2013. Sufrí un desgaste en la comisión y me fui porque quería dedicarme al ejercicio. Para eso había estudiado. Me desgastó  Dall’Anese. Era un tipo muy irresponsable. Por eso es que la Cicig estaba tan mal proyectada. Ahora han hecho un buen trabajo.

Hace poco surgió un debate acerca de dos abogados de la Cicig que salieron para hacer su propia firma. ¿Cuál cree que es la diferencia de las situaciones?

Yo jamás conocí ninguno de los casos que defiendo ni tengo información de ellos. Cuando me fui de CICIG, muchos de esos nombres ni sonaban.

¿Cómo evalúa el trabajo del comisionado Velásquez?

Es una excelente persona.

¿Ha tenido contacto con él desde que salió de la comisión? 

Una vez le hablé. Después de que salí, alguien me llamó para defender un caso que investigué. Me quería comprar, básicamente. No tomé el caso, pero llamé al doctor Velásquez y le dije la situación.

Pero si vemos a sus clientes actuales, son acusados de la Cicig.

Primero, quiero recalcar que no defiendo a personas que investigué en Cicig. Cuando yo estuve en la comisión, ni siquiera sonaban las investigaciones. Es más, algunos de mis clientes ni siquiera sabía quiénes eran. Si quiere, le cuento un poco acerca de cómo llegué a representar estos casos.

En el de Roxana Baldetti, a Mario Cano lo tuve de contraparte en el caso de Gasofa y, realmente, la relación ha sido muy respetuosa. Me lo encontré una vez en Géminis 10 y me dijo que se recordaba que era bueno con el tema de lavado de dinero, que si lo ayudaba a presentar un amparo a favor de  Baldetti, cuando todavía era vicepresidenta, para que no la investigaran. Rechacé esa oferta.

De ahí me llamó, nos juntamos en Cayalá y me habló acerca del caso de extinción de dominio de Baldetti. Y dije que como no era un tema penal, lo tomé

¿Y el de César Medina?

Un viernes me llamó un amigo que conocí siendo procurador. Me dijo que estaban allanando la oficina de uno de sus clientes y él no sabía nada de penal. Llegué y me presentaron a César Medina. Desde ese día y estaba la gente de Cicig, saludé a mis excompañeros, él se fijó en eso y me preguntó si dominaba el tema y yo le dije que sí.

Ahora, en el caso de Gustavo Alejos, fue muy curioso como fui contratado.

¿Por qué?

Me llamó la familia de él, habían visto mi currículum y me quisieron hablar. Me llamaron y al principio dijeron que era un caso de familia, de una mujer que había sido maltratada por su esposo. Cuando me senté en la reunión, me dijeron de qué se trataba el caso. Yo conocí a Alejos hasta el día de la audiencia

¿No tuvo relación previo a esa situación?

No, para nada. Yo le dije a la familia que me preocupaba tener contacto con él porque es un prófugo y la familia puede proteger a un prófugo, pero yo no. No quería saber absolutamente nada de él es un riesgo legalmente o me podría pasar algo.

¿Cómo conoció el caso? 

Me empapé por las noticias. De hecho, yo llegué sin documentos al caso y me estresó un poco  exponer.

¿Piensa tomar más casos parecidos? 

No sé. Yo creo que después de estos, tomaré un descanso.

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