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La ética y la sostenibilidad

Debate

Karen Wantland discute que la ética y la sostenibilidad no pueden existir la una sin la otra.

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Karen Wantland - Magíster en Relaciones Internacionales de la Universidad Rafael Landívar y Licenciada en Ecoturismo de la Universidad del Valle de Guatemala

Karen Wantland - Magíster en Relaciones Internacionales de la Universidad Rafael Landívar y Licenciada en Ecoturismo de la Universidad del Valle de Guatemala

Wantland es consultora acreditada en Responsabilidad Social Empresarial de CEMEFI (en Mèxico).

Tiene un entrenamiento en el Global Reporting Initiative y es Auditora Interna  de la Norma SA800 (social accountability),  ISO 14000 (gestión ambiental)  y OHSAS 18000 (gestión en salud y seguridad ocupacional).

Tiene formación en el Protocolo de Gases de Efecto Invernadero (Greenhouse Gas Protocol) y en gestión de riesgos a desastres naturales y tecnológicos.  

Ha trabajado en mediación y resolución de conflictos, así como en consultorías con el Banco Mundial, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y la Organización Panamericana de la Salud.

Tiene más de doce años de experiencia en procesos de desarrollo y es fundadora y directora de CONSULTARSE, con la que ha asesorado a diversas compañías nacionales y multinacionales en temas de responsabilidad social empresarial, ética,  gestión ambiental y social.

Ha sido  catedrática universitaria, escribe en el semanario Efectivo de Prensa Libre y ha escrito en revistas regionales como Vida y Éxito.

 

La ética y la sostenibilidad

No pueden existir empresas sostenibles que no sean éticas. La ética y la sostenibilidad van de la mano porque ser sostenible implica que las decisiones se toman pensando en las futuras generaciones y  en las implicaciones de todas las actividades que realiza una organización.

Algunos autores como Adela Cortina han argumentado que la responsabilidad social es una de las dimensiones de la ética y que sin una cultura de valores y virtudes dentro de una compañía es inviable reducir el impacto negativo que pueda generar alguna firma. Otros como Bernardo Kliksberg, quien recientemente estuvo en Guatemala, señalan que la ética es el primer paso para que una compañía gestione sus asuntos en relación a la sostenibilidad.

Si bien es cierto, que diferentes compañías alrededor del mundo empezaron por el camino de la sostenibilidad por alguna presión comercial o de un grupo de interés, también es evidente que tarde o temprano deben inculcar una cultura que promueva la toma de decisiones que reduzca cualquier conflicto de interés, corrupción o soborno.   El caso más emblemático quizás es Nike, quien inició  el camino de la sostenibilidad por un escándalo mundial.  Varios recuerdan cuando en la portada del New York Times de  1996 salió un niño trabajando un producto para la marca y las acciones de Nike bajaron súbitamente en el mercado de valores.   De ahí en adelante y luego de varias dificultades, Nike empezó a gestionar sus diferentes asuntos ambientales y sociales, además de generar un código de conducta estricto que ahora deben cumplir todos sus proveedores.  Esto no quiere decir que Nike todavía no tenga diferentes asuntos que resolver pero con estas medidas ha reducido el riesgo de vulnerar su imagen y reputación, además de contribuir con el bienestar de la sociedad y el ambiente.

Una empresa ética no pone en juego ningún valor social o ambiental sobre el económico y toma las decisiones pensando en el bienestar de todos sus grupos de interés, no solo en relación a los dueños o accionistas.  El derrame petrolero catastrófico de la plataforma Deepwater Horizon en el Golfo de México es un ejemplo lamentable en donde los intereses económicos prevalecieron sobre la seguridad de los colaboradores y la gestión ambiental.  En un momento previo al incidente, varios trabajadores tuvieron la posibilidad de evitar el derrame y salvar vidas pero no lo hicieron porque pensaban que el costo económico de detener la operación sería demasiado alto y que esto les traería serios problemas.

La sostenibilidad puede ser ahora una estrategia de branding pero para esto las compañías deben tomar en serio la gestión de sus impactos, las demandas de  sus grupos de interés e inculcar valores y principios en toda su cultura organizacional.  No pueden existir casos como el de Wal-Mart en México, quien tiene un código de ética muy estricto pero que por el otro lado sobornó a autoridades municipales para construir un mega supermercado en un lugar inviable.  Evidentemente, Wal-Mart ha avanzado mucho en algunos temas pero no puede considerarse ética cuando viola leyes como la FCPA y tiene estas prácticas.

Algunas compañías en Guatemala todavía pueden “hacer como que hacen” pero con el avance de la tecnología, las redes sociales y la globalización cada vez será más necesario que tomen en serio la responsabilidad social y la ética empresarial.  Los discursos no pueden ser dobles.  Una compañía no puede autodenominarse como sostenible por tener excelentes prácticas ambientales y pésimas condiciones laborales.  O es o no es.

Esto es algo que dejó muy claro Bernardo Kliksberg en su participación en el XVIII Foro Nacional de RSE, donde señaló que una empresa socialmente responsable debe tratar bien al personal y empezar en casa; vender productos saludables y duraderos pensando en los consumidores; trabajar en su gestión ambiental; ser transparente e invertir socialmente de manera sistemática.

El concepto de responsabilidad social implica un gana-gana en donde todos salen beneficiados de la gestión de una compañía que por su quehacer correcto y virtuoso fomenta la ética a través de la sostenibilidad.   Como dice Warren Buffet: “Tener una reputación toma diez años y destruirla cinco minutos, así que hay que hacer las cosas de manera diferente.”

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