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Marcas cercanas a su consumidor en el fin de año

Debate

Lorena Flores Moscoso y Lucrecia Alfaro de Arredondo hablan sobre las marcas cercanas a su consumidor en el fin de año.

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Aparece en las antologías Tiempo de narrar (Piedra Santa, 2007), Narrativa guatemalteca (Alfaguara, 2012) y Ni hermosa ni maldita (Alfaguara, 2012). Ha publicado los libros de ficción Retrato anónimo (Espanta Perros, 2002), La higuera (Nino; Galicia, 2003), Desnudo reposo (Letra Negra, 2004), Simplemente una invitada (Letra Negra, 2006); y el libro de poemas Sal (Catafixia editorial, 2011).

Formación Académica: Licenciada en Ecoturismo UVG, Licenciada en Letras UVG, Maestría en Educación Superior UVG, Maestría en Administración de Empresas Turísticas Universidad Santiago de Compostela. Actualmente Maestría en Estudios Ambientales UVG (trabajo de graduación).

 

Por Lorena Flores Moscoso

 

“Y llega Navidad”… Aunque he escuchado esa introducción a este particular jingle muchas veces estoy tratando de recordarme qué es lo que anuncia. Definitivamente no son las fiestas pero el producto o servicio que ofrece no es parte de mi imaginario y no lo recuerdo.  Ahora que viene el fin de año nos saturan con imágenes de todo lo que podemos adquirir para ser feliz y agradar a quien amamos. Cómo gastarnos hasta nuestro último centavo, incluso endeudarnos todo por amor o una falsa necesidad.

Comprar no está mal y  tener cierta gratificación con eso, menos. A veces buscamos comprar productos y servicios novedosos y otras veces optamos por comprar marcas que nos han acompañado fielmente desde la niñez y, gracias a la costumbre o  a la satisfacción que nos dan, son invitados especiales en nuestras celebraciones  o incluso en el día a día.

Mientras uno sale de compras, a visitar o está metido en el tránsito infernal seguramente piensa pasaré comprando algo en Mac, Burger o el Pollo  o por un café a Starbucks (caro) o & Café, o a cualquier otro de su preferencia.  Todo dependerá de qué quede más a la mano o esté menos lleno.

Cada quien tiene su historia personal y sus marcas preferidas que en algunos casos son “genéricas.” En mi casa los dulces: indispensables y desde que tengo recuerdo para estas fechas se compraban las galletas danesas, el panetone, pan de frutas confitadas, turrón de alicante y mazapanes.  También el tradicional egg nog y el ponche de frutas (que no me gustan pero los compro). Entre los genéricos también estaban los tamales, que no importa de dónde sean si son tamales: de la Carmelita, de la Canche, de Rome o del Tamal.  Hacerlos en casa es trabajoso aunque muchos podrían decir que es parte de la tradición familiar. Yo prefiero comprarlos.

Entre las marcas con nombre y apellido: Pavo Butterball, que gracias a Dios sustituyó al chompipe de patio que uno veía crecer, y de un día para otro desaparecía del patio; vino de cocina Presidente y puré de papá Mahler o Potato Buds para acompañarlo.  Esta sería mi clásica cena de Navidad. Acompañada seguramente por gaseosas. La primera que se viene a mi mente es Coca Cola light y regular,  jugo de manzana Lozano y de nuevo el ponche, el egg nog y posiblemente chocolate Swiss Miss con angelitos.  

Hay otras que eran parte de las celebraciones pero que fueron popularizándose hasta ya no ser tan especiales.  Recuerdo, como con ansias, esperar que mamá nos comprara chocolates importados en Exclusivas o Selecta; ahora me puedo comprar un Hersheys hasta en un kiosko de la calle.  También recuerdo cómo me emocionaba ir a Cemaco (“todo bajo un techo”) o a la Juguetería. Ahora que tengo un hijo evito entrar a “los almacenes peligro”, no quiero ponerlo en tentación ni a mí en problemas.

Hay otros productos que me chocaban, como los cohetes que para mí representan dinero. Recuerdo especialmente las ametralladoras en Toro Negro. La cerveza Gallo con el arbolito de Navidad y  la decoración en la Reforma con los gallitos colgando por todos lados me parecía fuera de lugar, asociados a una festividad religiosa aunque entendible para las celebraciones previas o para el año nuevo, o para quien quisiera iniciar la Guadalupe Reyes desde el 12.  La Gallo para mí era más para el ceviche del domingo o ver el partido de fut. Me alegro que ahora sea más discreta la decoración y que el árbol conserve su ambiente familiar.  

Escribiendo esta “reflexión” me di cuenta que soy una consumidora conservadora pero que no recuerda con tanto amor ninguna marca, sino que tal vez recuerdo con nostalgia la satisfacción que me daban. El otro día vi un anuncio del banco G&T que decía que recordáramos la lista de útiles escolares o las inscripciones. Pensé: “qué interesante”, pero luego pensé que seguramente a muchos niños les parecerá aburrido o decepcionante recibir sus útiles como regalo.  Cada vez que paso por el rótulo pienso lo mismo y creo que (si no  la marca) ese anuncio en particular lo tengo grabado por lo menos en mi memoria de corto plazo, y me hace como diríamos “click”.

En resumen, creo que consumimos con o sin anuncios, con o sin dinero, marcas conocidas  o desconocidas, locales o importadas.  Consumir o no consumir debería ser el dilema.

Lucrecia de Arredondo - Circle

Licenciada en periodismo por la Universidad Panamericana, ha trabajado en varios talleres de comunicación a nivel universitario y con profesionales de los medios. Se desempeña como consultora en comunicación y relaciones públicas, trabajando actualmente para la empresa Belcorp.

Su experiencia laboral la ha llevado a trabajar con el Ministerio de Salud y la OPS en talleres de educación, con Motorola Solutions en el mapeo de mercados para la radiocomunicación, en la Fundación Latinoamericana AVINA como consultora en comunicación, en el Gabinete de Desarrollo Rural Integral elaborando un mapeo para la implementación de la Política de Desarrollo Rural Integral, en Telediario, Siglo 21 y Radio Sonora como reportera de los segmentos de Salud y Vida, Ciencia y Tecnología, Cultura, Económicas, Farándula, entre otros.

Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo

Por Lucrecia Alfaro de Arredondo

Poco a poco empiezan a escurrirse de nuestro calendario los días de diciembre, se siente la época fría, salen los suéteres, se buscan las decoraciones del arbolito, las figuras del nacimiento, las ofertas de fin de año saturan los medios masivos, las ventas de media noche, el black weekend,  los preparativos, los convivios, las listas de regalos y las compras.

En el trajín del tráfico al encender la radio o en la comodidad de su sala frente al televisor, cada sociedad tendrá aquel vínculo comercial con marcas que han estado presentes desde nuestra infancia, aquellos anuncios que tienen el poder de ser una máquina del tiempo y llegar al sentimiento de buenos recuerdos.

Es imposible para los guatemaltecos no sentir nostalgia al escuchar: “Una mesa bien servida, una mesa distinguida, es donde hay productos B&B…Tenga usted feliz Navidad….”. No cualquier marca logra trascender en las emociones del cliente y ese apego emocional.

En décadas más recientes vemos el tradicional Árbol Gallo y su famosa inauguración esperada con ansias por grandes y chicos, estrategia que ha sido tan exitosa que se ha multiplicado al interior de nuestro país. Es importante mencionar que no solo los consumidores de la marca esperan ese majestuoso monumento de fin de año.

Otra marca presente es Pollo Campero que con sus luces ha trascendido desde la primera edición, mismas que han sido vendidas estratégicamente como la Noche de los Deseos; aún recuerdo cuando siendo niña encendí junto a mis hermanos estrellitas para pedir deseos; ahora  siendo adulta espero emocionada esa noche en conjunto con la nueva generación de mi familia para poder pedirlos, convirtiéndose en una tradición de la época.

Las marcas han encontrado un nicho de mercado en los consumidores que buscan la unión de la época, de la armonía, la familia y amigos, es allí donde se observan cientos de niños acompañados por sus papás con la ilusión de poder salir en la grabación del Azúcar Caña Real.

Un gran vacío dejó en mí el desaparecido y famoso desfile de Paiz y sus proveedores, donde las niñas vimos a Barbie en carne y hueso; y la emoción de los niños a poder decir “por el poder de Greyskull” junto a  los Amos del Universo y el famoso He-Man.  Era un día que no importaba esperar horas por un buen lugar y ver a esos personajes que nos hacían soñar.

Cada país tiene sus propias marcas, que recrean buenos momentos en familia; viajando al plano internacional tenemos la famosa odiada y amada Coca-Cola, cuya historia se entrelaza con el Santa Claus que hemos visto en decenas de anuncios de esta bebida.  Este mítico personaje tal y como hemos visto en la pantalla, surgió en 1931, como un encargo de la agencia de publicidad de la marca, al dibujante Haddon Sundblom; de acuerdo a la historia de esta pieza publicitaria, el objetivo era crear un personaje intermedio entre lo simbólico y lo real que se hiciera soñar a los niños.

La competencia de Coca Cola, Pepsi, no se ha quedado atrás y ha trasmitido mensajes de unión en familia y amigos, como la pieza publicitaria creada en 2014 en la cual el hijo menor de una familia, que no se reunía en varios años, llevaba a sus hermanos a casa para Navidad… los mejores momentos se viven en casa.

Así es como muchas marcas trascienden en nuestras vidas y nos hacen revivir la infancia a través de los pasillos del supermercado, no es raro cuando buscamos en los productos lácteos el Egg Nog para brindar en familia y poder decir adiós al 2015, bienvenidas las nuevas oportunidades del 2016.

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