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Participación ciudadana y lo posible

Debate

Denise Phé-Funchal habla sobre el orgullo y esperanza que ayuda a un movimiento de participación ciudadana.

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Denise Phé-Funchal - Escritora

Denise Phé-Funchal - Escritora

Escritora, socióloga y docente universitaria. Ha publicado la novela Las Flores (F&G Editores, 2007), el poemario Manual del Mundo Paraíso (Catafixia Editores, 2010), el libro de cuentos Buenas Costumbres (F&G Editores, 2011) y la novela Ana sonríe (F&G Editores, 2015). Algunos de sus cuentos han sido publicados en antologías y revistas en Guatemala, Argentina, El Salvador, Nicaragua, Estados Unidos, México y Alemania.

De esas cosas que nos gusta pensar que son posibles

En los últimos 19 años, las únicas concentraciones multitudinarias frente al Palacio Nacional se dieron por la Firma de los Acuerdos de Paz y para el concierto de Carlos Peña cuando volvió triunfador de uno de esos concursos internacionales.

El primero lo recuerdo con cariño y con una especie de inocencia ante la posibilidad de vivir en un país pacífico, democrático y esas cosas que a uno le gusta pensar que son posibles. El segundo lo recuerdo con sorpresa y curiosidad al tener una muestra tan evidente de la necesidad colectiva de sentirse identificado con algo, de sentir que puede estar orgulloso de alguien o algo que pertenece, como uno, a esa -difusa- categoría: la patria.

Abril y mayo del año 2015 quedarán registrados en las memorias como esos meses en los que la indignación y el hartazgo sacaron a los urbanos y a muchos otros a las calles. Los hicieron –a muchos- por primera vez, escribir en carteles sus quejas y preocupaciones; gritar consignas sobre qué es lo que quieren ante todo el desastre del gobierno y la catastrófica situación de las instituciones públicas y de la idiosincrasia de los funcionarios.

Frente a esto surgen críticas y dudas, señalamientos y rumores de intereses políticos que atraviesan la participación y que pueden deslegitimar todo el movimiento que, sin embargo y a juicio de los manifestantes, se ha dado de manera voluntaria, espontánea.

Quién haya asistido a alguna de las manifestaciones, habrá notado la diversidad –especialmente urbana-. Al dar una vuelta por la Plaza es posible encontrarse con aquellos que siempre apoyan a los grupos campesinos,  a las víctimas de la guerra; también se ven familias con bebés en carruajes y perros con sus respectivas correas; muchachos que podrían pertenecer a las universidades –la pública y las privadas- o bien ser trabajadores de algún call-center; sindicalistas; vendedores que ya en la emoción del momento sacan su frustración; religiosos; campesinos y la lista podría seguir. En resumen, gente de todas las edades, estratos socioeconómicos, orígenes étnicos y demás.

De alguna manera, estas manifestaciones llevan a pensar en la Firma de los Acuerdos de Paz y en el concierto de Peña. Una mezcla de la esperanza y de la necesidad de sentirse parte de algo de lo que se esté orgulloso. A esto se agrega un toque, quizá el elemento esencial, que implica un despertar, una toma de conciencia de que el individualismo, el perderse en el consumo de cosas, televisión, sexo, comida chatarra y demás estupefacientes, no impide que nuestra realidad sea temible. Esa misma conciencia que se mete entre la piel y que susurra que si seguimos en el consumo y en el ver sólo por nosotros mismos, el futuro no será posible.

Probablemente los objetivos de cada uno de los que participamos en las marchas y manifestaciones sean diferentes. Seguro en la Plaza se encuentran posturas distintas sobre el genocidio, la guerra, la libre empresa, la diversidad sexual y muchos más. Y aunque todos estos temas son importantes, en este momento una cosa es esencial: mantener la conciencia despierta y alerta, impedir que el ejercicio de la ciudadanía caiga de nuevo en la indiferencia.

Sacar a las ratas del gobierno y después, sin parar, sin descanso, discutir todo lo demás que concierne al pasado, al presente y al futuro.

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2 Comentarios

  1. carmen hernandez

    Creo que es un pensamiento correcto encaminado al bien común, el cual estaba dormido en la población, no es posible que lugares con un territorio menor, que en determinado momento también experimentaron la corrupción (Corea), hoy tengan un nivel socio económico diferente, que hoy sean países ejemplo, y nosotros estemos tan atrasados, la diferencia está en el sentir, en el no ver únicamente el derecho propio.

  2. Luisa Charnaud Cruz

    Muy buen artículo, refleja la realidad con la objetividad debida, sin ilusiones no fundamentadas y sin pensamientos negativos no constatados. Felicitaciones

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